| Reseña |
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| Miércoles, 13 de Enero de 2010 19:40 | |
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La tradición de las peregrinaciones juveniles al Cerro del Cubilete empezó en 1973 con marchas organizadas por y para jóvenes convocadas por la Acción Católica de la Juventud Mexicana con el objetivo de dar testimonio de su fe. Se realizaban en la fiesta de Cristo Rey, el último fin de semana de noviembre. Reseña En la tercera marcha en 1975 murieron dos jóvenes participantes, conocidos ahora como Mártires del Cubilete: Juan Bosco Rosillo y César Fernando Calvillo, cuyos restos descansan en el Valle Juan Pablo II. El siguiente año, el nombre de marchas fue sustituido por el de peregrinaciones. Con motivo de la primera visita pastoral de Juan Pablo II a México en 1979, la peregrinación anual al Cerro del Cubilete se organizó en el mes de enero con la esperanza de la participación del Papa Juan Pablo II. Por motivos de logística, Su Santidad no pudo asistir a la peregrinación, sin embargo sobrevoló en su avión, el Cubilete durante la peregrinación, y envió un mensaje a los jóvenes participantes. Reconciliación, paz y una Nueva Historia ¿Alguna vez te has detenido a pensar en la importancia del pasado? Más que un tiempo de conjugación o una alusión a un hecho de antaño, el pasado dice mucho de quiénes somos. ¿Cómo podemos comprendernos a nosotros mismos y nuestro presente si desconocemos quién vivió antes de nosotros? Es decir, ¿si ignoramos nuestras raíces? Hoy en día todo el mundo habla del Bicentenario, de la Independencia, se construyen obras y celebra ceremonias, ¿pero qué hay de fondo? Nuestra "biografía familiar mexicana" se encuentra rebosada de mitos y leyendas que fueron propagadas por quienes denominamos "ganadores” si hacemos alusión a la sabiduría popular, y esto causa una crisis de identidad. Lo ideal es encontrar un justo medio, un equilibrio. Incluso la aritmética simple sirve para ilustrar nuestro punto. Español más Indígena no da como resultado español o indígena; sino un nuevo y valioso resultado: el mestizo. Nuestra nación e identidad son productos del mestizaje, en donde ni unos ni otros (españoles e indígenas) son santos ni infames; simplemente seres humanos que en conjunto dieron pie a una nueva cultura, a una nueva sangre: la tuya y la mía; la nuestra. Jóvenes debemos ser fruto de una visión unificadora, que no reniega de ninguna parte de su pasado; tal como la familia no reniega de las tragedias ni olvida sus alegrías; sino que su recuerdo le da la fuerza para enfrentar nuevas adversidades y para buscar el bien común. “vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo…” |












