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Compartimos la galería de fotos. Albúm 1. 20 de enero, Ve las fotos, Haz Click Aquí. Albúm 2. 20 de enero, ve las fotos, Haz Click Aquí. Albúm 3. 21 de enero, ve las fotos, Haz Click Aquí. Albúm 4. 22 de enero, Ve las fotos, Haz Click Aquí. Nos presenta la Crónica el Pbro. Nicolás Orbe de la O
Tercer día. 20 de enero Este día inició con la Eucaristía a las siete y media de la mañana. Presidió el Nuncio Apostólico en México, Christophe Pierre. El nuncio, en su homilía, comenzaba con estas palabras: “Qué grande es, en verdad, el sacerdote, que configurado a Jesús en el Espíritu (cfr. PO 12), está llamado a ser como Él, a vivir en Él y como Él, a llevar a cabo, sin jamás negarse, la misma misión de Él”. Con humildad Mons. Christophe reconocía que todo lo que podía hablarnos sobre el sacerdote quizá ya no era nada nuevo para nosotros, pero que muchas veces estas verdades y conceptos se pueden quedar en lo abstracto de nuestros conocimientos adquiridos, sin lograr aterrizar en la existencia, sin hacerse vida. De ahí la intención del Santo Padre al convocar este Año Sacerdotal: “(…)para que con la gracia indispensable y segura del Espíritu, a semejanza de María, nuestra Madre, meditemos cuánto extraña la vocación sacerdotal, lo metamos en el corazón y lo vivamos”. Al final, concluía con un vigoroso llamado a valorar la propia vocación: “Alégrense y vivan orgullosos de su vocación, y no teman, antes bien, alégrense y esfuércense por ser reconocidos siempre y en todas partes como hombres que han consagrado totalmente su ser y su vida a Jesús”. Siguiendo el curso del programa, a las 8:30 a.m., se dirigieron al comedor. En punto de las 10:00, prosiguió Mons. Oscar A. Rodríguez, Cardenal de Tegucigalpa, Honduras, con el tema de la Fidelidad de Cristo, pero ahora enfocando el tema desde la perspectiva del amor. En Jesús hay un corazón en el que caben todos: ante todo el amor que rompe fronteras, busca y acoge. Haciendo un recorrido por diferentes pasajes bíblicos, Mons. Maradiaga, enfatizó que Jesús se acerca a los pecadores, a aquellos relegados de la religión y de la sociedad que eran arrinconados en el sector de los “impuros”, aunque tuvieran grandes influencias a nivel político o económico, miembros marginados de la comunidad de los redimidos. Jesús se acerca a Leví y llama a las mujeres a su grupo de discípulos. Es decir, confía en la madurez afectiva de sus discípulos, porque ellos son discípulos del Reino, porque ellos han entrado en un nuevo orden de valores. También Jesús abre su corazón a los gentiles o paganos. De este modo ya tenemos una conclusión: la novedad del Evangelio genera conflictos. De hecho, es la constante que va apareciendo y la realidad de la que los discípulos corren el riesgo de cansarse y desistir. Tengamos presente que en la raíz de este comportamiento está el corazón misericordioso del Padre. “¿Cómo entendemos ahora la frase: el Sacerdocio es el Corazón de Cristo? ¿Mi ministerio es expresión del Corazón del Padre tal como lo reveló el Corazón de Cristo en la ruptura de fronteras, en la búsqueda y acogida de todo el que está fuera de mi círculo personal, de mi comunidad, e incluso, de la vida social?”, concluía el Cardenal Oscar. Se tuvo un descanso a las once, en que los presbíteros aprovecharon el espacio para disfrutar un buen café, pero también de la cálida convivencia con los hermanos de las diferentes provincias. Para este día, ya se habían incorporado al Congreso otros obispos, Mons. Oscar Roberto Domínguez Couttolenc, de la Diócesis de Tlapa; Mons. Monseñor Carlos Garfias Merlos, Obispo de Netzahualcóyotl. A las 11:30 se proseguió con las conferencias. En su segunda intervención del día, Mons. Maradiaga abordó el tema de la fidelidad de Jesús por Pedro y la de Pedro por Jesús: “Si Judas es un modelo escalofriante de traición y de los que “abandonan a la hora de la prueba” (Lc 8, 13), Pedro es modelo de cómo la lealtad, debilidad y redención final pueden coexistir en la trayectoria de una misma persona. Esto último no nos debiera extrañar, ya que el camino del discipulado normalmente es así”. En el análisis de lo que significa la lealtad, Monseñor nos hacía reflexionar en lo que realiza la obra del mal: nos está diciendo que el poder de Satanás es diametralmente opuesto al de Jesús. Satanás tiene aferradas, amarradas, a las personas (ver 13, 16) y Jesús vino para salvarlas. Pues bien, en el momento decisivo del sufrimiento y la muerte, Satanás desencadenará su extremo ataque contra aquellos que Jesús eligió para ser sus testigos. Sobre el liderazgo de Pedro y la fidelidad del presbítero, Mons. Oscar movió a todos a reflexionar que “Las responsabilidades del que está a la cabeza de la comunidad son serias. Así lo entiende Jesús con relación a los suyos y así se lo hace entender ahora a Pedro con relación a la Iglesia. La responsabilidad de Pedro es grande pero también él es débil, es vulnerable ante el poder del mal”. Sobre la mirada de Jesús ante la negación de Pedro, recordemos que esta mirada silenciosa entre el Maestro prisionero y el discípulo espantado, no es de recriminación, ella penetra a través de la deslealtad de Pedro, renovando el vínculo de amor que el discípulo había pisoteado. Al término de esta exposición, el cardenal lanzaba estas preguntas a todos los sacerdotes: “¿Comprendo que mi conversión es garantía para la fidelidad de mis comunidades en el Señor? De saber vivir las crisis dependerá el futuro de la Iglesia, de la manera como la cabeza de la comunidad viva las crisis dependerá el futuro de la Iglesia: o logrará unir las comunidades en forma compacta en su fe o se le irán de las manos”. A las 12:30 se tuvo un receso, un breve descanso que muchos aprovecharon para apreciar algunas artesanías de la costa y bordados en vestimentas que se expusieron en el lobby del hotel. Reanudamos a la una de la tarde, para la última parte del tema, que fue lo referente a la Eucaristía. En palabras de Monseñor Oscar: “Aquí está la grandeza la última cena en Lucas: el alimento y la enseñanza se funden en una única realidad. El ritual de banquete pascual que Jesús y sus discípulos celebran juntos, el nuevo significado que las palabras de Jesús le dan al pan y al vino y las enseñanzas que Jesús les da después de la comida, todo esto, palabra y alimento juntos, ofrecen un alimento potente y capaz de infundir vigor mientras la crisis de la pasión está a punto de explotar sobre la Iglesia”. A la 1:30 se concluyó el tema. Hubo receso hasta la hora de la comida, a las 14:00 hrs. A las 5 de la tarde continuó el Cardenal Oscar A. Rodríguez Madariaga la reflexión sobre la Fraternidad Sacerdotal. Fue una exhortación a que la comunidad presbiteral sea referencia y un sentido de pertenencia. Que los sacerdotes se reúnan para compartir: “La Comunión Sacerdotal se desarrolla, además, en la colaboración a una misma obra. Apóstoles y discípulos, enrolados en el mismo servicio del Reino, consagran a él todo su esfuerzo. La voluntad de trabajar en una obra común, bien lo sabemos, crea sentimientos de solidaridad y al mismo tiempo puede ayudar a aceptar los sacrificios que comporta toda cooperación”. La solidaridad sacerdotal es urgente. En el documento Ecclesia in America ya se habla de conversión, comunión y solidaridad. Pero también de un encuentro con un Cristo vivo. Los presbíteros están llamados a seguir este camino. Aparecida habla de una conversión pastoral y esta conversión en el presbiterio es un fuerte llamado a la fraternidad. La Iglesia está llamada a una cultura globalizada de la solidaridad. Así como la fraternidad, también la fidelidad se construye. El subjetivismo y el relativismo promueven una identidad neutral. La sociedad actual busca el éxito y el activismo exterior también dificulta esta identidad. Se tuvo un intermedio a las 6 de la tarde. Continuó la charla a las 6:40, con las últimas consideraciones sobre el tema de la fraternidad: No dejar de ser discípulos. Aprender a ser presbíteros en el respectivo presbiterio. Se necesita un nuevo modo de ejercer el sacerdocio en consonancia con la realidad actual, es la necesidad de una pastoral post-ordenación, de una pastoral de pastores. El mundo de hoy los hace más frágiles, de ahí que hace falta una formación espiritual más intensa: “Ante el activismo y la dispersión pastoral, la Pastoral Presbiteral ha de procurar la formación de la mente y el corazón del pastor que esté a la base de la caridad pastoral, de tal manera que por encima del hacer se tenga siempre presente el ser del presbítero”. A las 7:30 p.m., hubo un momento de adoración ante el Santísimo sacramento, con el rezo de las vísperas, que dirigieron el diácono transitorio Gabriel Alarcón Ojeda, de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa y los padres de la Diócesis de Tlapa. El día concluyó con la cena a las 8:00 pm. Cuarto día. 21 de enero A las siete y media de la mañana se celebró la Eucaristía. Presidió Mons. Felipe Aguirrre Franco, Arzobispo de Acapulco. Estuvieron presentes los directivos del Hotel Crowne Plaza, así como varios de sus colaboradores de los diferentes servicios. Mons. Felipe Aguirre expresó, a nombre de todos los congresistas, sus agradecimientos a todo el personal del hotel por sus atenciones en estos días de reunión. Para la homilía, el Cardenal de Tegucigalpa, Honduras, Oscar A. Rodríguez Madariaga, intervino siguiendo el hilo de las reflexiones del Congreso. En su reflexión, decía que los antiguos transmitieron la antorcha de la fe, la luz de Cristo, pero ¿las nuevas generaciones serán capaces de transmitir esta antorcha viva? Evangelizar no es un acto, es un proceso. Es anuncio de un testimonio. “Como ministros del Señor debemos vivir un testimonio. Como San Juan María Vianney, que era un testigo y su testimonio irradiaba”, dijo. Sobre el evangelio del día (Lc 9, 11-17, la multiplicación de los panes), Cristo multiplica la solidaridad de todos. Hoy, una humanidad que está centrada en la ideología del mercado, está llamada a la solidaridad. Debemos pedirle al Espíritu Santo un corazón misionero, como el de San Pablo, que latía diciendo ¡Ay de mí, si no evangelizo! El llamado de Aparecida es a una gran misión continental. Se sirvió el desayuno a las 8:30 a.m. A las diez de la mañana, Mons. Madariaga continuó su exposición hablando de los desafíos en la dimensión intelectual del presbítero: “La filosofía actual está en crisis. Las decisiones deben fundamentarse en razones, no en sentimientos. Es necesaria una formación sacerdotal sólidamente justificada”. Hay que promover el desarrollo del pensamiento crítico que prepare al presbítero para el diálogo con el mundo actual. Formar también la mente y el corazón del pastor que tenga esa caridad pastoral como el motor de su vida. Mencionó también algunas perspectivas: 1) Es necesario conocer humanamente lo que es el sacerdote, se requiere un adecuado acompañamiento, solidaridad y atención; 2) profundizar los elementos necesarios de una espiritualidad diocesana, acentuando lo que es el presbiterio. Hay que conocer la propia diócesis, la cultura y la historia, amar la diócesis. La formación permanente debe tener una clara proyección misionera. Corresponsabilidad en los bienes como un estilo de vida. Vivimos en una realidad que desafía nuestro estilo de vida, la eficacia y significado del ministerio. Utilizando el lenguaje de los nuevos tiempos, Mons. Oscar resumía: “La sociedad actual habla en términos de calidad total. La calidad total en cristiano se llama santidad”. Cristo nos invita a remar mar adentro. Esta es la garantía para que haya un cielo nuevo y una tierra nueva. Al hablar de la fidelidad a sí mismo, cuestionaba, ¿Qué significa ser fiel a sí mismos? Quiere decir: Tu primera tarea es ser tú mismo”. Sé lo que eres. Quiere decir que nuestra vida se nos entrega como un don en potencia. Ef 1,3: “El nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo para ser santos e inmaculados en su presencia en el amor”. La Parábola de la casa construida sobre la roca nos habla de una gran verdad. La roca amerita el ser. Conociéndonos a fondo podemos conducir nuestra vida. Para crecer y madurar hay que saber conducir la vida. ¿Cuál es ese rostro con el que Dios me ha creado? Balsas como la alabanza y el activismo, así como las ideas, el apoyo afectivo, no nos sirven. Se proyecta la imagen del personaje que no es. Es el autoengaño. Uno no puede ser un hombre de Dios si no está liberado de las trampas que le pone el yo. Amo porque descubro una fuente interior de Dios. “El sacerdote está llamado a este amor de gratuidad. Hay que liberarse de una necesidad enfermiza de ser amado. El que no ha dado su vida y no vive para la Iglesia no podrá amar”, señaló. Concluía haciendo algunas interrogantes sobre el porqué de la rutina en la vida espiritual: “Pareciera ser que estuviéramos en la meseta de la vida, sin más horizontes. El lado oscuro de la vida hace ruido. Solos estamos incompletos, estamos llamados a Dios. Sólo viven la soledad del celibato los que no conocen a Dios. El celibato es acceso a Dios”. Nuestra vida debe ser lo que hacía Jesús: “Yo hago siempre lo que a mi Padre le agrada”. Pero sólo se logra con un programa de fidelidad a su conciencia. Se logra con discernimiento. Fiel a Dios y a sí mismo. No se puede ser testigo sólo con la palabra, hay que hacer el camino de la madurez de la persona. Dios nos pide ir entrando en todos los sectores de nuestra vida. En nuestra relación con el dinero, sentimientos, vida sexual, tiempo libre, inteligencia, voluntad. El yo deja de ser un potro indomable para convertirse en una persona madura. Todo es gracia. La vida se vuelve un intercambio de dones. Se llega a sí a la docilidad del ser. La vida unificada es la única en donde se despliega la misión. Se tuvo el descanso a las 11:45. Continuó la conferencia a la una de la tarde. A esta hora, se abordó la temática de la Fidelidad de María. Comenzaba diciendo Mons. Maradiaga: “María como discípula perfecta que inspira y sostiene nuestra perseverancia. Lc 1, 23-28. Ponemos ante nuestros ojos a la discípula modelo. Ella también perseveró en las pruebas con su Hijo”. Al hablar de la identidad discipular de María, descubrimos que el nombre es importante en la mentalidad semítica. María aparece con tres nombres en el relato de la Anunciación. María (1,27), nombre que le dieron sus padres, significa aquella que ha sido levantada, exaltada, glorificada. Llena de gracia (1,26), es la identidad de María desde el punto de vista de Dios. Y Sierva (1,37) nombre que María se da a sí misma y cómo desean que la llamen. En el relato de la vocación de María descubrimos su lugar en la historia de la salvación. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Hay anuncios de nacimientos en la Biblia Agar, Abraham, mujer estéril de Manoaj, Zacarías, el mismo San José; pero a nadie se le dice el Señor está contigo. La expresión en la Escritura aparece en pasajes vocacionales pero no tiene que ver con nacimientos (vocación de Moisés, de Josué, Jeremías). Esta expresión habla de la intervención definitiva y extraordinaria de Dios con su pueblo. Dios no sólo da una tarea, también da la fuerza necesaria para llevarla a cabo, no abandona a quien le llama. Finalizaba Monseñor Oscar diciendo que Dios nos sostiene. Eso es lo que descubrimos en la vida de María ya que desde el comienzo se caracteriza porque Dios está con ella. El interés de Dios por su pueblo es el transfondo de su vocación. María llega a ser Madre no por cooperación del hombre sino por obra de Dios. A las dos de la tarde los participantes se reunieron en el comedor, y después de ello se programó la tarde libre, para quienes quisieran conocer algunos sitios de interés del puerto, adquirir recuerdos o souvenirs del lugar o tener un momento de recreación con sus grupos de las diferentes provincias. A las ocho de la noche, en el hotel se continuó con la cena. |